CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

EL AVEMARÍA, JAQUE MATE A LOS PSEUDOPAPAS
(2a edición ampliada)
Patricio Shaw


EL AVEMARÍA, JAQUE MATE A LOS PSEUDOPAPAS (2.a edición ampliada) - Patricio Shaw

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  • Isaías: Sabed que una virgen concebirá y tendrá un hijo, y su nombre será Emmanuel, o Dios con nosotros.[1]

  • San Lucas: … envió Dios al ángel Gabriel a Nazaret

  • San Gabriel: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres. [Santa Isabel: y bendito es el fruto de tu vientre[2]]] … ¡Oh María!, no temas, porque has hallado gracia en los ojos de Dios. Sábete que has de concebir en tu seno, y tendrás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin. … El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, por esta causa el fruto santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios.

  • Maria: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. [3]

  • San Juan: Y el Verbo se hizo carne y habitó en medio de nosotros. [4]

  • La Iglesia: Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Proemio y composición de lugar

El ángel Gabriel fue enviado por Dios. ¿Adónde? A una ciudad de Galilea, llamada Nazaret ... Nazaret significa flor. Uno puede encontrar algo así como las semillas del pensamiento de Dios, de alguna manera caídas del cielo a la tierra, en las palabras pronunciadas de lo alto a los patriarcas y en las promesas hechas a ellos, como que de estas preciosas semillas está escrito: De suerte que si el Señor Dios de los ejércitos no hubiese conservado alguno de nuestro linaje, hubiéramos corrido la misma suerte de Sodoma, y en todo semejantes a Gomorra [5] . Ahora bien, esta semilla ha florecido en las maravillas que aparecieron cuando Israel salió de Egipto, en las figuras y emblemas de su viaje por el desierto, más tarde en las visiones y predicaciones de los profetas, y en el establecimiento del reino y el sacerdocio hasta Cristo que con razón se puede considerar como el fruto de esta semilla y estas flores, de acuerdo con las palabras de David: “Por lo que derramará el Señor su benignidad y nuestra tierra producirá su fruto”. [6] La quintaesencia por así decir de estas flores, es María, y es el Primer Perfume Consolador y Santificante de la Verdadera Iglesia cuya Compleción y Cabeza es Cristo.

Si las maravillas de la naturaleza son llamados del Llamador a nosotros, mucho más lo son las maravillas de la Historia Sagrada. En el Centro de esta, el mismo Llamador se hace Llamado para maximizarnos la atracción hacia Él a quien habíamos abandonado. Y la Iglesia misma es un Llamado Perfecto del Llamador y una extensión suya y un cuerpo de su cabeza.

El Avemaría es la primera palabra evangélica dirigida a la primera persona del Nuevo Testamento; la primera palabra evangélica anunciada a la tierra; el Evangelio del Padre Eterno a la Virgen; el Evangelio que resume las grandezas de Jesús y María.

María, el ente, las cuatro notas eclesiales, y el Innombrable de Roma

La Virgen Santísima goza de la plenitud del ser participado, y esto en un grado que no podemos comenzar a calcular. En ella se cumple lo que dice Santo Tomás [7] sobre el modo expreso general que acompaña a todo ente, modo que puede ofrecerse de dos maneras: una, en cuanto que acompaña a todo ente en sí; otra, en cuanto que acompaña a todo ente en orden a otra cosa. Si es de la primera manera, será, o porque expresa en el ente algo afirmativamente, o porque lo expresa negativamente. Ahora bien, no hay nada dicho afirmativamente en sentido absoluto que pueda encontrarse en todo ente, sino su esencia, por la cual se dice que es; y así, se impone el nombre cosa, que difiere del de ente, en que entese toma del acto de sery el nombre de cosaen cambio, expresa la quiddidad o esencia del ente. Por su parte, la negación que sigue a todo ente absolutamente, es la indivisión: a ésta la expresa el nombre de uno;uno, en efecto, no es más que el ente indiviso. Pero, si el modo del ente presenta el segundo carácter, a saber, por orden de una cosa a otra, esto a su vez puede suceder de dos maneras. La una, en o por la división (distinción) de una cosa de otra; eso lo expresa el nombre dealgoasí que, así como al ente se le dice uno en cuanto que es indiviso en sí, así se le dice algo en cuanto que es distinto de otros seres. La otra manera es por la conveniencia de un ente respecto de otro; lo cual no puede tener lugar más que si se trata de algo que tiene capacidad para tener conveniencia con todo ente. Tal ser es el alma, que, en cierta manera, es todas las cosas [8] .Cosa, uno, algo, alma… las tres primeras palabras parecerían triviales, y sin embargo, teniendo María una esencia que la hace ser Sí misma, ¿qué gran “Cosa” es? Siendo indivisa, sobre todo moralmente por correspondencia perfecta con su propia sindéresis, ¿qué gran Uno es? Estando distinguida de todo lo demás, y por eminentísima superioridad e intachabilidad, ¿qué gran Algo es? Finalmente, conviniendo Ella con todo ente, y siendo Ella virtualmente toda ente, incluido el de Dios y el de cada uno de nosotros exceptuadas sus fallas, ¿qué gran Alma es?

Ella es la Cosa realísima y afirmativísima sobre todas aquellas cosas cuya esencia no está trastocada: “Flower of alle thing” decía un himno medieval inglés; digna de la más alta e intensa admiración. Es el ente de todos los entes participados, el ente “católico”, del griego καθολικόςgeneral, universal, de καθόλου (esto es, καθ' ὅλου) por lo entero, en general, como un todo: κατά respecto de + ὅλος todo. En esto realiza la nota eclesial de la catolicidad. Bergoglio, en cambio, es el Sub-ente de todos los entes humanos moralmente degradados, a quienes abraza recibiendo y dando degradación.

Ella es el gran Uno creado. Porque, como dicen los platónicos, todo toma su unidad de aquello a partir de lo cual tiene su bondad. En efecto, el bien es lo que puede conservar la realidad; ahora bien, ninguna realidad se conserva sino por el hecho de ser una. Y por eso el Señor, pidiendo la perfección de sus discípulos en la bondad, pide que sean uno. Así realiza la nota eclesial de la unidad. Bergoglio, carente de bondad, vive en la fragmentación interna y en la esquizofrenia.

Ella es el Algo, la Realidad, el Algún Mundo sin igual, que Dios distinguió del resto; que separó de toda imperfección, para que fuera al fundamento moral de la Iglesia, para que así como en ella la sindéresis fuera aquello en lo cual Ella fuera más sí misma, Ella misma fuera Aquello en lo cual la Iglesia unida a Cristo es más sí misma. El anclaje en esto es a lo que llama la palabra Iglesia, que en griego significa “Llamado a salirse de donde se está hacia ella”, pues fuera de la Iglesia sólo puede estarse en la profanidad y la naturaleza caída en el mejor de los caos. Cabe notar que María estaba tan bien colocada espiritualmente en la Anunciación, que el Arcángel la llamó, no a salirse, no a ir, sino a alegrarse de dónde estaba, Ella que comenzó a existir salida del pecado. La llama a concebir al Hijo de Dios y Jefe de la Iglesia, y la llama a ser Ella Llamadora, también, exactamente desde donde está… En la Iglesia como Cuerpo de Cristo distinto de Él, María es aquello en lo cual la Iglesia es más sí misma y está mejor puesta y dispuesta. Así realiza la nota eclesial de la santidad.Bergoglio, en cambio, toma lo más vil y lo más sublime como indistintos entre sí, fundiéndolos más que cínicamente en el sacrilegio y la putrefacción.

Y, ¡oh! ¡el Alma de María, que es virtualmente Dios y todo! Citaremos a la gran visionaria de Ágreda, preconizada por Santa Teresa de Ávila:

Con armonía y hermosura de todos los hábitos virtuosos estaba el alma santísima de María tan ilustrada, ennoblecida, enderezada al bien, y al último fin de la criatura; tan fácil, pronta, eficaz y alegre en el bien obrar, que si fuera posible penetrar con nuestra flaca vista aquel secreto tan sagrado de su pecho, fuera el objeto más hermoso y admirable de todas las criaturas y de mayor gozo después del mismo Dios. Todo estaba en María Purísima como en su propio centro y esfera: y así tenían todas estas virtudes su última perfección… La virtud de la sindéresis nace en nosotros con la misma naturaleza racional. Es  un conocimiento que la luz de la razón tiene de los primeros fundamentos y principios de la virtud y una inclinación a ella que a esta luz corresponde en nuestra voluntad … En la Reina Santísima fue esta virtud natural o sindéresis excelentísima; y de los principios naturales infería con suma y profunda claridad las consecuencias de todo lo bueno, aunque fuese muy remoto; porque discurría con increíble viveza y rectitud. Para estos discursos se valía de la noticia infusa de las criaturas, especialmente de las más nobles y universales: los Cielos, Sol, Luna y Estrellas, y disposición de todos los Orbes y Elementos; y en todos discurría desde el principio al fin, convidando a todas estas criaturas a que alabasen a su Creador y llevasen al hombre tras de si hasta darle este mismo conocimiento que por ellas podía alcanzar y no lo detuviesen hasta llegar al Creador y Autor de todo.


Y así María realiza la nota eclesial de la apostolicidad: si cualidad de mensajera enviada por su misma alma a todos los entes, y especialmente los humanos. Ella reveló a Santa Brígida:

Hasta que está el hombre debajo de la tierra, no me aparto de él; y si se anima a romper las cerraduras, le salgo al encuentro como su sierva para servirle, y como Madre para ayudarle.


Bergoglio, en cambio, proscribe el proselitismo y frustra en lo posible todos los esfuerzos por expandir la Iglesia entre quienes no pertenecen a Ella.

Pero en la Iglesia Jesús es un Dios conocido que quiere darse a conocer más y más. Por eso está escrito “Será llamado Hijo del Altísimo” y no meramente “Será Hijo del Altísimo”. Aparecerá como Hijo del Altísimo y lo será en las mentes y bocas abiertas a Él.

La vital preposición “con”

Uno de los nombres de Nuestro Señor Jesucristo fue dado muchos siglos antes de su Encarnación por el profeta Isaías: Emmanuel —עמנואל [9]

Emm/Im = con; anu (sufijo pronominal) = nosotros; El = Dios.

La preposición “con” significa, como sabemos, “juntamente, conjuntamente, en combinación o unión”. En el caso propio de la Virgen, se trata de una unidad corporal y moral estrechísima con Dios. La misma Virgen goza de una unidad consigo misma derivada de su unidad con Dios, pues toda Ella está unida y hasta es su propia sindéresis, que es donde Ella más es sí misma. No es de extrañar que María sea saludada “Ave Maris Stella”. Su unidad puntual consigo misma, con la luz de la razón y con Dios, le otorgan esa condición.

Hay una estrecha correlatividad entre el nombre Emmanuel de Nuestro Señor y la naturaleza de la Iglesia. La Iglesia es el cuerpo de aquellos con quienes Dios está capitalmente por su profesión de Fe, aunque no esté en todos ellos por la Gracia. Y Dios está con un papa infaliblemente por aquella promesa suya a los Apóstoles: “Y estad ciertos que yo mismo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos” [10] . Y Dios está con los suyos como con quienes están bajo el papa. Debemos este enlace principalmente a Nuestra Señora. Ella dio las provisiones inmediatas necesarias para que el Verbo se hiciera carne para la Redención perpetuada e institucionalizada en la Iglesia. Y debemos a Nuestra Señora la Gracia, que tuvo origen en Ella y dimana de Ella a toda la Iglesia.

En momentos clave de la Santa Misa, el sacerdote saluda al pueblo diciendo “Dominus vobiscum”, “El Señor esté con vosotros”. Se refiere a la presencia del Señor en el medio de la Iglesia. La frase puede entenderse ora como un deseo: “Que el Señor esté con vosotros”, o como una declaración: “El Señor está con vosotros”. Debemos entender esta breve alocución sacerdotal como una afirmación solemne y gozosa de la presencia del Señor en medio de los fieles. Por su gracia Cristo está presente y vivo en cada bautizado porque Él es la Vid y nosotros los sarmientos [11] .

A la preposición “con” corresponde el llamado divino unitivo a venir, allegarse; a la preposición “sin”, corresponde la condena divina despedazadora a irse, retirarse. San Buenaventura medita:

¿Qué puede pensarse de más lamentable y terrible que la palabra “Iros”? ¿Y qué puede expresarse de más deleitable que la palabra “Venid”? Son dos voces de las cuales nada podrá oírse de más horrible que la una ni de más jocundo que la otra. [12]


El “nosotros” (“-anu”) de una comunión eclesial dirigida por Bergoglio recibe como por ósmosis todo lo que él entiende hacer y hace a la Iglesia y contra la Iglesia llevado por Satanás. Dios (“El”) es llamado —vana y sacrílegamente— a estar con (“emm/im”) con ellos como si fueran suyos, en com-unión. La parte dirigente de ese “nosotros” está sin Dios y contra Dios en su pretensión de ser el fundamento visible de la Iglesia.

Para ser papa se requiere quererlo

Ambrosio Catalino, brillante teólogo antiluterano [13] encuentra en textos de San Agustín y otros santos un paralelismo entre María y Pedro en cuanto representantes y prototipos de toda la Iglesia y de cada fiel. Al responder María al “Dios te salve, María” con las palabras “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, en Ella los fieles piden y consiguen la Encarnación del Autor de la Fe y la Gracia: el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Al responder Pedro al divino Fundador de la Iglesia conocido como tal: “Tú eres Cristo, el Hijo de Dios Vivo”, en él los fieles —¡y eminentísimamente María misma!— piden y consiguen, además, la Fundación de la Sociedad jerárquica que propone la Fe y la Gracia y dispone los medios para recibirla: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y te daré las llaves del Reino de los Cielos”.

Los pseudopapas postcatólicos no dicen con su voluntad gubernamental y magisterial al divino Fundador de la Iglesia Católica conocido como tal: “Tú eres Cristo, el Hijo de Dios Vivo”. Nos fundamos en la obra polémica de Santo Tomás contra los errores de los griegos cismáticos, donde dice que todos los errores de los herejes tienden principalmente a derogar la dignidad de Cristo. [14] Y demuestra cómo cada herejía de algún modo deroga la dignidad de Nuestro Señor Jesucristo. Los pseudopapas postcatólicos lo hacen de muchas y odiosas maneras, de las cuales quizás la peor es su ecumenismo, que se atreve a llamar optativo a Nuestro Señor Jesucristo y a elegir libremente entre muchas una Religión verdadera, pese a que ésta sólo puede ser una, pues la religión es el conjunto de nuestros deberes para con Dios, y estos deberes son los mismos para todos los hombres, como que dimanan de relación entre la única naturaleza divina y la única humana. Si Dios deja muchas religiones habilitadas para ir a Él y hasta se sirve de ellas, no hay una sola relación cultual formal entre el hombre y Dios, y, supuesta la religiosidad del hombre por su consciencia moral y su inmortalidad, la fragmentación de las revelaciones de Dios respecto de sí mismo y del culto debido a Él, implicaría la fragmentación de Dios, y con ello, su inexistencia. ¿Cómo Dios, viendo a los falsos papas ecumenistas radicalmente infieles y malintencionados, e irreconciliables con lo más elemental de la esencia de la Iglesia, les respondería a sus desafíos cristológicos y eclesiológicos gravísimos: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y te daré las llaves del Reino de los Cielos”?

El Ángel dijo Ave, María respondió Fiat, así comienza y se explica la Génesis del Nuevo Hombre y Nuevo Mundo.

Una enormidad depende del consentimiento de María, según expone San Bernardo [15]:

Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no era por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta, porque ya es tiempo que se vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, los condenados infelizmente a muerte por la divina sentencia, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Se pone entre tus manos el precio de nuestra salvación; en seguida seremos librado si consientes. Por la Palabra eterna de Dios fuimos todos creados, y a pesar de eso morimos; mas por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida…

No tardes, Virgen María, da tu respuesta. Señora Nuestra, pronuncia esta palabra que la tierra, los abismos y los cielos esperan. Mira: el rey y señor del universo desea tu belleza, desea no con menos ardor tu respuesta. Ha querido suspender a tu respuesta la salvación del mundo. Has encontrado gracia ante de él con tu silencio; ahora él prefiere tu palabra. El mismo, desde las alturas te llama: “Levántate, amada mía, preciosa mía, ven…déjame oír tu voz” [16] . Responde presto al ángel, o, por mejor decir, al Señor por medio del ángel; responde una palabra y recibe al que es la Palabra; pronuncia tu palabra y concibe la divina; emite una palabra fugaz y acoge en tu seno a la Palabra eterna…

Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento. “Aquí está la esclava del Señor, -dice la Virgen- hágase en mí según tu palabra.” [17].


Una enormidad depende también del consentimiento, del “fiat” del designado al papado: que la Iglesia esté en Orden, que se definan cuestiones controvertidas, que se condenen errores nuevos sutiles y que sus enemigos puedan ser arrancados. En el caso de Bergoglio, ha ocurrido algo paralelo y antagónico al “fiat” mariano:

·      Díjole el Cónclave de 2013: “Salve, Bergoglio, lleno eres de la designación de apacentar la Iglesia”.

·      Respondió Bergoglio: “Acepto

·      Díjole Cristo: “Salve, Bergoglio, lleno serás de la potestad de apacentar mi Iglesia y yo seré contigo, si consientes”.

·      Respondió Bergoglio: “He aquí el esclavo de Satanás, hágase en mí y por mí contra tu palabra y tu ley”.

·      Y Bergoglio se hizo antipapa, y habitó entre los impíos, los modernistas, y los lefebvristas.


La triple paz que propone María

Pero María inicia una paz perfecta entre Dios y los hombres, que pasará a la verdadera Iglesia, aunque ésta esté reducida a un pequeñísimo rebaño: paz estable, decente y fructuosa. Porque una paz inestable es un mero ardid; una paz indecente es una mera afrenta; una paz infructuosa es una mera ruina —y pura inestabilidad, indecencia e infructuosidad transmite la Iglezuela Postcatólica a los suyos y al mundo entero que toma por suyo.

La paz estable que en el día eterno del Avemaría se asienta entre Dios y los hombres, es paz eterna, porque tal es el fundamento en que estriba. Las paces que hacen los hombres entre sí, se fundan en necesidad; esta paz se funda en amor; y sola la paz fundada en amor es paz segura; que paz que estriba en fuerza de necesidad, es paz sospechosa. Esta paz de Dios con los hombres es como la paz de David con la casa de Nabat su hijo y ancestro de María: el Señor Dios le dará el trono de su padre David. Viene Dios Hijo con todos los poderes de Dios Padre, para tomar el asiento de David; y se multiplicará su imperio porque asentará una paz que nunca tendrá fin. Podría preguntarse qué gran promesa es sentarse en el trono de su padre David para aquel que está sentado sobre los querubines [18], a quien el profeta vio sentado sobre un solio excelso y elevado [19] . Pero conocemos otra Jerusalén mucho más noble y rica que aquella donde reinó David: Dios le dio la sede de su padre David cuando éste dijo:Mas yo he sido por él constituido rey sobre Sión, su santo monte, para predicar su ley [20]. Queda más abiertamente expresado al decir el profeta sobre Sión, no en Sión, que es donde reinó David. Sobre Sión está el reino de aquél de quien está dicho por el mismo David: Juró el Señor a David esta promesa, que no se retractará: Colocaré sobre tu trono a tu descendencia [21]; de quien también está dicho por otro profeta: “Su imperio será amplificado, y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David [22]. Por doquier se lee “sobre”. Así, pues, el Señor Dios le dará la sede de su padre David, no típica sino verdadera, no temporal sino eterna; no terrena sino celeste: la Iglesia Militante y Triunfante. Ésta se despren-de, anticipamos, del “Ave Maria” y del “Ecce ancilla Domini”.

Vimos que toca a esta paz ser fructuosa. Lo será sin falta: a quien pondrás por nombre Jesús … y reinará en la casa de Jacob, por la que se entiende la Iglesia de Dios. Llamaráse nuestro Príncipe de pazJesús, esto es Salvador; porque es condición de este tratado que se encargue de reñir todas las batallas y encuentros de su Pueblo, y sacarlo del todo a paz, y salvo. Y será su reinado en la casa de Jacob, esto es, como el de Jacob, que nunca supo que era ser vencido; de cuatro pendencias que tuvo, siempre salió vencedor. Antes aprendió a vencer, que a vivir, porque había de vivir para reinar. Jacob en hebreo significa Suplantador, y feliz es quien suplante al diablo de su corazón. Instrúyenos aquí Cornelio Alápide: La casa de Jacob es la Iglesia [23] , o el pueblo fiel, que otrora, en tiempos de nacer Cristo, eran los hijos y descendientes de Jacob. ¿Por qué se llama “familia de Jacob” sino “casa de Jacob” aquella en la que Jesús reinaría? Para indicar cinco cosas: una peculiar providencia, el depósito de los tesoros de los Sacramentos y los dones del Espíritu Santo, la inhabitación y compañía perpetua de Cristo, la unión y familiaridad con nosotros, y, tristemente, la poquedad de los inquilinos. Dios dio a Cristo este reino de la Iglesia en acto primero en su Encarnación, en acto segundo lo inició Cristo por su predicación, seguidamente fue promovido por la predicación de los Apóstoles, fue implantado por la Crucifixión, fue llevado a perfección tras la Resurrección, la Institución del Papado, la Ascensión y la Sacramentación, y quedará completamente consumado y glorioso tras el Juicio Universal en el Cielo.

Vimos que la paz abierta por el Avemaría es estable por el trono de David, de quien Jesucristo es el Hijo por excelencia, y fructuosa por la casa de Jacob, de quien Jesucristo es una reduplicación, pues, próximo a la muerte, demostró a sus doce discípulos, como a hijos, su ardentísimo amor; queda pues, para ser cabal, que sea una pazdecente. ¡Y vaya si lo es! En el Gran Día del Avemaría la logramos tan grande, que podemos resumirla en que ella nos es ofrecida por Dios con condición y confirmación del desposorio indisoluble de Dios Padre con la naturaleza humana y de Cristo con la Iglesia, supeditado al virtuosísimo consentimiento de María misma. ¡Cómo no habría decencia, pura decencia y super-decencia, en la plenitud de la Gracia y en la Maternidad Divina! Han corrido ríos de exquisita tinta sobre este tema a lo largo de los siglos. Nos limitaremos a insertar palabras de Dante al respecto:

Virgen y madre, la hija de tu hijo,  
Alta y humilde como no hay criatura,        
Del acuerdo eternal término fijo!    
Tú ennobleciste la humanal natura,          
Tanto, que en su grandeza el Hacedor,   
No desdeñó encarnar su propia hechura.            
Se reanimó en tu vientre el santo amor,   
Y á su calor, en paz eternamente.           
Ha germinado esta divina flor
. [24]  


Infalibilidad de la Iglesia

Dios quiso formarse la Iglesia del género humano, al que ennobleció hasta el punto de enviar a su Hijo encarnado para redimirnos por su muerte para que pasáramos a ser nosotros su cuerpo y él nuestra cabeza, y hasta el punto de hacernos templo del Espíritu Santo. Pero habría sido en grado extremo indigno de la magnificencia de Dios edificar tan magníficamente a la Iglesia si aquel sobre quien ella se edifica [—el Papa—] pudiera fallar. La Iglesia no sería ni estable, ni fructuosa, ni decente. Además, Dios quiso triunfar sobre el demonio y los réprobos valiéndose de la Iglesia como de un ejército cuyo jefe es el mismo Cristo, que la dirige por sí mismo en la dimensión invisible de la Gracia y la dirige por el Papa en la dimensión visible del gobierno y la enseñanza. Sería ignominioso para el ejército y para el mismo Dios que la Iglesia fuera vencida y más por sus representantes.

Si por una parte la hermosura de todas las cosas —que debemos creer con seguridad que emana de alguna fuente de auténtica hermosura— y por otra parte una conciencia interior de difícil identificación, exhortan, por así decir, a los mejores ánimos a buscar y servir a Dios, no debemos desesperar de que exista alguna autoridad, constituida por Dios mismo, sobre la cual apoyarnos, como sobre un escalón seguro, para acercarnos a Dios. Basta considerar qué es el hecho de que Dios inhabite su Iglesia magníficamente y difunda en ella y por ella los rayos de Su verdad —lo cual también es llamar a todo el mundo por ella y en ella a un culto magnífico y solidísimo de su verdad— para convencerse de que debe haber tal autoridad y estabilidad en lo que es su Iglesia.

Si Dios hace todo en número, peso y medida, debe ordenar muy por encima de toda otra obra la redención por la cual Él mismo se hizo hombre. Pertenece a la hermosura de la obra y de su orden que sea grande, distinguida por diversas partes, y que sea una, sin discontinuidad alguna, y que desde su principio pasando por el medio hasta su fin último esté dispuesta en suma proporción: cosas que no pueden darse si desde el inicio de la Iglesia que empezó en Abel hasta que Cristo venga a juicio hubiera alguna discontinuación o ruptura de la misma Iglesia.

Además, cuando las cosas quedan privadas de su fin, se dicen vanas y desordenadas. Pero Dios hizo todo para el uso de los hombres, y máxime de aquellos de quienes sería hecha la Ciudad Superior. Así, no quedamos plenamente ordenados a la alabanza del Dios altísimo ni al fin último de la felicidad eterna sino por intermediarios elegidos por Él. Por lo tanto, en la hora en que estos intermediarios no sirviesen a aquellos sino sólo a los réprobos, en esa misma hora quedarían de algún modo inutilizados para su fin. Y en el caso del Jefe infalible de la Iglesia Católica, estar inutilizado para su fin equivale a no tener su presunto rango, pues el cumplimiento del fin del Papado es inseparable de sus sujetos verdaderos y condición sine qua non para que lo sean.

La triple potestad inherente a la Iglesia

Cristo es la Cabeza que mueve y dirige todo el organismo de su Cuerpo Místico, sobre el que ejercita su triple potestad de enseñar, gobernar y santificar el cuerpo entero y cada uno de quienes lo componen. [26]

Esta triple potestad es la ley primordial de toda la Iglesia Infalible:

Nuestro Señor Jesucristo estableció como ley primordial de toda la Iglesia la triple potestad, que dio a los Apóstoles y a los sucesores de éstos, a saber la potestad de enseñar, de gobernar y de santificar a los hombres. [27]

En este caso “ley” significa tanto “regla o principio que emana de Dios y que se impone al hombre y a su consciencia” como “regularidad general constatable”. La triple potestad de Cristo es imprimida a la consciencia de la Iglesia, y, al mismo tiempo,  por una cierta paradoja, es elemento esencial de la misma naturaleza de ella, de manera que una institución a la que le falta oficialmente la triple potestad plena e infalible en su primer principio visible por parloteársele el error y tiranizársela hacia el antropocentrismo y profanársela en sus ritos, no puede ser la Iglesia de Cristo.

En este caso “ley” significa tanto “regla o principio que emana de Dios y que se impone al hombre y a su consciencia” como “regularidad general constatable”. La triple potestad de Cristo es imprimida a la consciencia de la Iglesia, y, al mismo tiempo,  por una cierta paradoja, es elemento esencial de la misma naturaleza de ella, de manera que una institución a la que le falta oficialmente la triple potestad plena e infalible en su primer principio visible por parloteársele el error y tiranizársela hacia el antropocentrismo y profanársela en sus ritos, no puede ser la Iglesia de Cristo.

Estando ausente la triple potestad en los sucesores apóstatas de Pedro, la misma se mantiene, de manera extraordinaria e imperfecta, y con terribles privaciones para los fieles, en Cristo, pero se mantiene.

El cardenal Franzelin habla de la comunión en su obra De Ecclesia Christi. Primero describe la triple unidad de la Iglesia Católica. La primera es la de la fe y profesión en la Iglesia universal por la cual todos adhieren a las mismas verdades católicas y las profesan. La segunda es la unidad de sacramentos por la cual todos los fieles están unidos entre sí y forman un cuerpo de Cristo. La tercera es la unidad de comunión en la vida social, por la cual se muestra teórica y prácticamente, y se reconoce, que todas las iglesias particulares y los fieles individuales son miembros de una sociedad religiosa. Estas tres unidades corresponden a la triple potestad concedida a la Iglesia por Cristo. [28]


Encarnación e Iglesia

Retomemos nuestro tema del Avemaría y la Encarnación con relación a la Iglesia Católica:

·      La Iglesia continúa no sólo aquello que la Encarnación obra, sino aquello que la Encarnación es, con lo cual tiene, en cierto sentido, una sobrenaturalidad elevada al cuadrado. Explicitemos:

a)    La Iglesia continúa la Encarnación en su constitución misma. Así como en el Verbo encarnado hay algo visible y algo invisible y lo visible nos revela el principio que lo anima, así el cuerpo de la Iglesia está animado por el Espíritu de Jesucristo.

b)    La Iglesia continúa la Encarnación en su fecundidad. La Iglesia no sólo es el Cuerpo Místico de Cristo, sino que él es el Esposo fecundo de ella, y si ella en cuanto cuerpo está subordinada a su jefe, como esposa participa en su majestad, ejerce su autoridad y es dispensadora de las gracias.

c)    La Iglesia continúa la Encarnación en la predicación de la Verdad y nos habla con la infalible autoridad de Jesucristo.

d)    La Iglesia continúa la Encarnación en la comunicación de la vida, en particular por vía de los sacramentos.

e)    Por fin, la Iglesia continúa la Encarnación en la divina mediación de la plegaria y el sacrificio. [29]


El Avemaría recta sólo resulta en papas verdaderos

La casa de Jacob se refiere místicamente a la Santa Iglesia Católica, en la cual reina Cristo invisiblemente por sí mismo, y visiblemente por sus papas.

Así, el contenido de las palabras del Ángel habría implicado y supuesto lógicamente este otro expandido:

Sábete que has de concebir en tu seno, y tendrás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David, y sentado en él reinará en la casa de Jacob, Pedro, León, Gregorio, y los Clementes y los Píos eternamente, y su reino no tendrá fin.


Los falsos papas sólo resultarían de un Avemería torcidísima y blasfemísima.

Si los Pseudopapas del Conciliábulo, Arquitectos y Focos de Apostasía Universal Sistemática hubieran sido papas, en las palabras del Arcángel habría estado implicado y supuesto el siguiente horrendo contenido, destructor de todo el mensaje:

Sábete que has de concebir en tu seno, y tendrás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Este será simple, y será llamado Hijo del Amiguísimo de los Malos, al cual el Compañero Gran Misterio dará el trono de su padre David, y sentado en él reinará temporalmente en la casa de Jacob, Roncalli, Montini, Luciani, Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio, casa en la que subsiste Su Iglesia extendida a la casa de Lutero y Loisy, casa donde el hombre es la principal ocupación, casa donde se destruye su Casa y se niega su Trono, y casa donde su reino no tiene lugar ni inicio.


Consecuencias finales

¡Los pseudopapas, si fueran papas, destrozarían retroactivamente el Avemaría ocasionadora de la entrada en existencia del Salvador del género humano extendido en la Iglesia dirigida por lugartenientes asistidos por Él! ¡Pudrirían, burlarían, envenenarían la promesa, por estar incluidos en el Trono de David y la Casa de Jacob! Pero eso que harían —o mejor dicho, que habrían implicado que haya sido hecho— si fueran papas, es imposible que lo hagan, por lo que NO son papas. En términos lógicos, dado el modus tollens, negado el consecuente, se niega el antecedente.

Si el Reinado eterno de Cristo anunciado a María por el Arcángel incluye como reyes a personajes destructores, desviadores y desfiguradores de ese Reinado, dicho Reinado es vano, contradictorio, destructivo y perecedero. Pero como el Reinado eterno de Cristo anunciado a María no es en absoluto ninguna de esas cosas, no incluye a aquellos personajes.

Además, al consentir María con su Fiat a la Encarnación del Verbo, consintió a la constitución de la Iglesia Verdadera del Verbo Encarnado, que le fue anunciada por el Ángel en las palabras “Casa de Jacob”. Esta incluiría a jefes mundanos, vanidosos y hasta —raramente— inmorales: pero todos ellos jefes verdaderos por su consentimiento en la triple potestad de gobernar, enseñar y santificar a los fieles, aunque fuera inactiva. La Virgen consintió perfectamente en aquel futuro consentimiento imperfecto pero suficiente para mantener el orden en la Iglesia. En cambio disintió del disenso de los futurospseudopapas encargados por Satanás de destruir todos los bienes posibles de la Iglesia, en dogma, moral, culto y espiritualidad y reducirla a esta a un resto pequeñísimo.

Y entonces, si vale el Avemaría, entonces ellos son pseudopapas. Afirmado el antecedente, se afirma el consecuente. El valor, la fuerza, la energía incomprensiblemente intensa del Avemaría, revela claramente la no-papalidad de los usurpadores neomodernistas de Roma: en otras palabras, el Avemaría los echa de plano y vehementísimamente a los pseudopapas de la Santa Sede.

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[1] Is 7, 14.

[2] Lc 1, 42.

[3] Lc 1, 26ss.

[4] Jn 1, 14.

[5] Is, I, 8.

[6] Ps 84, 12.

[7] Santo Tomás, De Veritate, I, 1.

[8] Aristóteles, Libro III sobre el alma.

[9] Is 7, 14.

[10] Mt 28, 20.

[11] Jn 15, 5.

[12] San Buenaventura, Soliloquium caput III

[13] Ambrosius Catharinus, disputatio, § 5.

[14] Contra errores Græcorum, pars 2 pr.

[15] Homilía 4 sobre “Missus est “, n. 8-9

[16] Cant 2,13-14.

[17] Lc 1, 38.

[18] Sl 79, 2.

[19] Is 6, 1.

[20] Sl 2, 6.

[21] Sl 132, 11.

[22] Is 9, 6.

[23] Beda, Tito y otros.

[24] Dante, Divina Comedia, Paraíso. Canto XXXIII, 1ss.

[25] Estos cuatro párrafos están tomados de escritos libres de error del franciscano medieval Pedro Olivi, con adiciones nuestras.

[26] Pío XII, Discurso para la Clausura de los Ejercicios Espirituales en el Vaticano, 9 de diciembre de 1944.

[27] Encíclica “Mystici corporis”: AAS 35 [1943] 209).

[28] Mons. Sanborn, “Communion”.

[29] Dictionnaire de Théologie catholique, artículo: Jésus-Christ, col. 1359ss