CATÓLICOS ALERTA

Defendiendo nuestra fe

EL ANGEL CUSTODIO
Ángel Peña, O.A.R.


02 de octubre de 2017 - Los Ángeles Custodios son "celestiales compañeros que nos da Dios para que no perezcamos ante las insidiosas acometidas de los enemigos.


EL Ángel Custodio Es el mejor amigo del hombre. Lo acompaña sin descanso día y noche desde el nacimiento hasta más allá de la muerte, hasta que llegue a gozar de la plena felicidad de Dios. Durante el tiempo de purgatorio, está a su lado para consolarlo y ayudarlo en esos difíciles momentos. Sin embargo, para algunos la existencia del ángel guardián es sólo una costumbre piadosa para el que la quiera aceptar. No saben que está claramente expresada en la Escritura y en la doctrina de la Iglesia y todos los santos nos hablan de él por propia experiencia. Algunos, incluso, lo han visto y tenido una relación personal muy estrecha con él, como veremos.

Ahora bien ¿cuántos ángeles tenemos? Por lo menos, uno, que es suficiente. Pero algunas personas, por su oficio como el Papa o por su grado de santidad, pueden tener más. Conozco una religiosa, a quien Jesús le reveló que tenía tres y me dijo sus nombres. A Santa Margarita María de Alacoque, cuando estaba avanzada en su camino de santidad, le dio un nuevo ángel, que le dijo: "Yo soy uno de los siete espíritus, que están más próximos al trono de Dios, y que más participan en los ardores del Sagrado Corazón de Jesucristo y mi designio es comunicároslos en cuanto seáis capaz de recibirlos" (Memoria a la M. Saumaise).

Dice la Palabra de Dios: "Yo mandaré un ángel delante de ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Acátale y escucha su voz, no le resistas... Si escuchas su voz y haces cuanto yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios" (Ex 23,20-22). "Para el hombre hay un ángel, un protector entre mil que le haga ver al hombre su deber" (Job 33,23). "Mi ángel está con vosotros y os pedirá cuentas" (Baruc 6,6). "El ángel del Señor está en torno a los que le temen y los salva" (Sal 33,8). Su misión es "guardarte en todos tus caminos" (Sal 90,11). Y dice Jesús que "los ángeles de los niños ven continuamente el rostro de mi Padre celestial" (Mt 18,10). El ángel guardián te cuidará como a Azarías y sus compañeros en el horno. "El ángel había descendido al horno con Azarías y sus compañeros y apartaba del horno las llamas de fuego y hacía que el interior del horno estuviera, como si soplara un viento fresco, y el fuego no los tocaba absolutamente ni les causaba ninguna molestia" (Dan 3,46- 50). El ángel te salvará como a Pedro. "Un ángel se presentó en la cárcel que quedó iluminada y, golpeando a Pedro en el costado, lo despertó diciendo: Cíñete y cálzate tus sandalias... Envuélvete el manto y sígueme... La puerta se les abrió por sí misma y salieron y avanzaron por una calle, desapareciendo luego el ángel. Entonces, Pedro, vuelto en sí, dijo: Ahora sé que el Señor ha enviado a su ángel" (Hech 12,7-11). 12

En la primitiva Iglesia se creía normalmente en el ángel custodio y, por eso, cuando Pedro es liberado de la cárcel y va a casa de Marcos, la sirvienta Rode, al darse cuenta de que era Pedro, llena de alegría, va corriendo a anunciar la noticia sin haberle abierto la puerta. Pero los que la escucharon creyeron que estaba equivocada y dijeron: "Será su ángel" (Hech 12,15). La doctrina de la Iglesia es clara en esto: "Desde la infancia hasta la muerte la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. Cada fiel tiene a su lado un ángel protector y pastor para conducirlo a la vida" (Cat 336).

También José y María tenían su ángel. Es probable que el ángel que avisó a José para que tomara a María como esposa (Mt 1,20) o que huyera a Egipto (Mt 2,13) o que regresara a Israel (Mt 2,20) fuera su propio ángel. Lo cierto es que desde el siglo I ya aparece claramente en los escritos de los Santos Padres la figura del ángel custodio. De él se habla en el famoso libro del siglo I "El Pastor de Hermas". San Eusebio de Cesarea los llama "tutores" de los hombres; San Hilario, "mediadores"; San Basilio, "compañeros de camino"; San Gregorio Nacianceno, "escudos protectores". Orígenes afirma que "cerca de cada hombre hay siempre un ángel del Señor que lo ilumina y lo guarda y lo protege de todo mal".

Del siglo III hay una antigua oración al ángel de la guarda en la que se le pide que ilumine, proteja y guarde a su protegido. San Agustín nos habla también con frecuencia de la intervención angélica en nuestra vida. Santo Tomás de Aquino le dedica un artículo de su Suma Teológica (Sum Theolo I, q.113) y escribía: "La custodia angélica es como una extensión de la divina providencia, ahora bien, como ésta no falta a ninguna criatura, todas deben encontrarse bajo la custodia de los ángeles".

La fiesta de los ángeles custodios en España y Francia se remonta ya al siglo V. Quizás desde entonces se comenzara a rezar la oración que aprendimos desde niños: "Angel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día".

Pío XI invocaba a su ángel al principio y al fin de cada jornada y, a menudo, durante el día, sobre todo, cuando las cosas se complicaban. Recomendaba la devoción a los ángeles custodios y decía al despedirse: "Que el Señor te bendiga y su ángel te acompañe". Y dijo: "Cuando tengo que tratar con alguien una conversación difícil, tengo la costumbre de pedir a mi ángel que hable al ángel custodio de la persona con que debo tratar para que ayude a solucionar el problema".

Pío XII les decía el 3-10-1958 a unos peregrinos norteamericanos sobre los ángeles custodios: "Ellos estaban en las ciudades que habéis visitado y eran vuestros compañeros de viaje". Otro día en un radiomensaje dijo: "Tened mucha familiaridad con los ángeles... Si Dios quiere, vosotros pasaréis toda una eternidad de alegría con los ángeles, aprended a conocerlos desde ahora. La familiaridad con ellos nos da un sentimiento de seguridad personal".

Invoquémos con frecuencia a nuestr Santo Ángel Custodio y no olvidemos que, aun en los lugares más ocultos y solitarios, hay alguien que nos acompaña. Por eso, San Bernardo nos aconseja: "Anda siempre con prudencia como quien tiene presente a su ángel en todos los caminos".

¿Eres consciente de que tu ángel observa lo que haces? ¿Lo amas?

Los ángeles custodios están siempre a nuestro lado y nos escuchan en todas nuestras aflicciones. Cuando se aparecen, pueden tomar diferentes formas: Niño, hombre o mujer, joven, adulto, anciano, con alas o sin alas, vestidos como una persona cualquiera o con una túnica luminosa, con corona de flores o sin ella. No hay forma que no puedan tomar para ayudarnos. A veces, se pueden presentar bajo la forma de un animal amigable, como en el caso del perro Gris de San Juan Bosco, del pajarito que le llevaba las cartas al correo a Santa Gema Galgani o como el cuervo que le llevaba pan y carne al profeta Elías al torrente Querit (Reg 17,6 y 19,5-8).

Pueden presentarse también como personas comunes y corrientes, como el arcángel San Rafael, cuando acompañó a Tobías en su viaje; o con formas majestuosas y resplandecientes, como guerreros en las batallas. En el libro de los Macabeos se nos dice que "cerca de Jerusalén se les apareció en cabeza un jinete vestido de blanco, armado con armadura de oro y una lanza. Todos a una bendijeron a Dios misericordioso y se enardecieron, sintiéndose prontos, no sólo a atacar a los hombres y a los elefantes, sino a penetrar por muros de hierro" (2 Mac 11,8-9). "En lo más duro de la pelea, se les aparecieron en el cielo cinco varones resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que, poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando dos de ellos en medio al Macabeo, le protegían con sus armas, le guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra los enemigos, que heridos de ceguera y espanto caían" (2 Mac 10,29-30).

En la vida de Teresa Neumann (1898-1962), gran mística alemana, se cuenta que su ángel tomaba frecuentemente su propia figura para aparecerse en distintos lugares a otras personas, como si fuera por bilocación.

Algo parecido a esto, cuenta Lucía en sus "Memorias", con relación a Jacinta, ambas videntes de Fátima. En cierta oportunidad, un primo suyo se había escapado de casa con dinero robado a sus padres. Cuando se le acabó el dinero, como un hijo pródigo, estuvo de vagabundo hasta que lo metieron en la cárcel. Pero consiguió escaparse y una noche oscura y tempestuosa, perdido entre los montes sin saber a dónde dirigirse, se puso de rodillas a rezar. En ese momento, se le aparece Jacinta (entonces niña de 9 años) y lo conduce de la mano hasta la carretera para que pueda ir a casa de sus padres. Y dice Lucía: "Yo le pregunté a Jacinta si era verdad lo que él decía, y ella me respondió que no, que no sabía dónde estaban esos pinares y montes donde él se había perdido. Ella me dijo: Yo sólo recé y pedí mucho por él por compasión con la tía Victoria".

Un caso muy interesante es el del mariscal Tilly. Durante la guerra de 1663, estaba un día asistiendo a misa, cuando el Barón Lindela le manifestó que el Duque de Brunswick estaba comenzando el ataque. Tilly, que era un hombre de fe, ordenó disponer todo para la defensa, diciendo que él asumiría el control, una vez terminada la misa. Al terminar la misa y hacerse presente en el puesto de mando, las fuerzas enemigas ya habían sido rechazadas. Al preguntar quién había dirigido la defensa, el Barón se quedó extrañado, pues le dijo que él mismo había sido. El mariscal respondió: “Yo he estado en la Iglesia, asistiendo a la misa y acabo de llegar. No he tomado parte en la batalla”. Entonces, le dijo el Barón: “Habrá sido su ángel quien ha tomado su puesto y su figura”. Todos los oficiales y soldados habían visto al propio mariscal en persona, dirigiendo la batalla. Podemos preguntarnos: ¿Cómo fue eso? ¿Sería su ángel como en el caso de Teresa Neumann y otros santos?

Hay un caso extraordinario en la vida de la hermana María Antonia, Cecilia Cony (1900-1939), religiosa franciscana brasileña, que veía todos los días a su ángel. Cuenta en su autobiografía que en 1918 su padre, que era militar, fue trasladado a Río de Janeiro. Todo iba normal y escribía con regularidad hasta que un día dejó de escribir. Sólo envió un telegrama, diciendo que estaba enfermo, pero nada grave. La realidad era que estaba muy enfermo con la terrible peste, llamada "española". Su esposa le enviaba telegramas y eran contestados por el mozo del hotel llamado Miguel. Durante este tiempo, María Antonia rezaba todos los días, antes de acostarse, un rosario de rodillas por su padre y le enviaba a su ángel para que fuera a cuidarlo. Cuando el ángel regresaba, al terminar su rosario, le ponía la mano sobre el hombro y entonces podía descansar tranquila.

Durante el tiempo que su padre estuvo gravemente enfermo, el mozo Miguel lo atendió con una dedicación especial, le traía al médico, le daba las medicinas, lo aseaba... Cuando estuvo recuperado, lo sacaba a pasear y tenía todas las atenciones de un verdadero hijo. Cuando, al fin, se recuperó del todo, regresó a su casa y hablaba maravillas de aquel joven Miguel "de exterior humilde, pero que ocultaba un alma grande con un corazón ideal que infundía respeto y admiración". Miguel siempre se mostró muy reservado y discreto. No pudo saber de él más que el nombre, pero nada de su familia ni de su condición social y ni siquiera quiso aceptar ninguna recompensa por sus incontables servicios. Para él fue su mejor amigo, del que siempre hablaba con gran admiración y agradecimiento. María Antonia estaba convencida de que ese joven era su ángel, a quien enviaba a cuidar a su papá, pues su ángel también se llamaba Miguel.

¿Envías a tu ángel a consolar y ayudar a tus familiares lejanos?

El ángel es también nuestro defensor, que nunca nos abandona, y nos protege de todo poder del maligno. ¡Cuántas veces nos habrá librado de peligros del alma y del cuerpo! ¡De cuántas tentaciones nos habrá salvado! Por eso, debemos invocarlo en los momentos difíciles y ser agradecidos con él.

Cuenta la tradición que, cuando el Papa San León Magno salió de Roma a dialogar con Atila, el rey de los unos, que en el siglo V quería tomar y saquear la ciudad, se apareció un ángel gigante detrás del Papa. Atila, aterrorizado ante su presencia, mandó a sus tropas retirarse del lugar. ¿Era el ángel custodio del Papa? Lo cierto es que Roma se salvó milagrosamente de una terrible tragedia.

Cuenta Corrie ten Boom en su libro “Marching Orders for the End battle” que, a mediados del siglo XX en el actual Zaire, durante la guerra civil, unos rebeldes quisieron tomar una escuela dirigida por misioneros y matarlos a todos con los niños que allí se encontraban, pero nunca consiguieron entrar en la misión. Uno de los rebeldes explicó más tarde: “Veíamos centenares de soldados vestidos de blanco y tuvimos que desistir”. Los ángeles salvaron a los niños y a los misioneros de una muerte segura.

Vivimos en un mundo “invadido” por millones de enemigos invisibles, que buscan nuestra ruina temporal y eterna: los demonios. Si no tuviéramos a nuestro lado la ayuda de Dios, de los santos y de los ángeles, la ruina sería segura. . Lamentablemente, muchos hombres no creen en la existencia de los demonios, seres perversos, enemigos implacables, que así pueden trabajar impunemente en el silencio y en la sombra. Todas las guerras, asesinatos, odios y violencias son, de alguna manera, promovidos por ellos. Su influencia maléfica abarca a todas las áreas de la actividad humana.

Y nosotros ¿qué hacemos para contrarrestar a tan poderoso enemigo? ¿Nos protegemos con la oración y las armas de Dios (objetos benditos, etc.)? Debemos saber que no estamos nunca solos. Tenemos un guardaespaldas que nos cuida: el ángel custodio. Los “milagros” de la técnica moderna no lo han hecho desaparecer, pero no puede hacer nada ante quien no tiene fe. Dios tampoco puede hacer nada ante quien voluntariamente se ha abandonado al enemigo y le ha entregado su alma por el pecado mortal, porque respeta su libertad. ¡Cuántas muertes y cuánto sufrimiento provocado por el maligno! ¡Cuánta paz y alegría conseguidas por la fe y la oración! Veamos unos ejemplos reales.

Un autobús de peregrinos va hacia S. Giovanni Rotondo a visitar al Padre Pío. En el camino los detiene una gran tempestad de truenos, rayos y relámpagos. Ellos recuerdan el consejo del Padre Pío, de enviarle al ángel custodio ante cualquier dificultad. Al día siguiente, al verlo, él les dice: “Esta noche me habéis despertado y he tenido que rezar por vosotros. Hacedlo siempre así y os ayudaré”.

Santa Micaela del Santísimo Sacramento dice que, en una oportunidad, durante un viaje en diligencia, ella invocó a su ángel custodio, quien salvó a los pasajeros, cuando los caballos se desbocaron.

San Juan Bosco les hablaba mucho a sus jóvenes del ángel guardián. Uno de ellos era albañil y, pocos días después, se cayó del andamio con otros dos. Él había invocado a su ángel antes de trabajar y no se hizo nada, mientras que los otros dos murieron. La diferencia es clara.

¡Qué hermoso sería el mundo, si todos los hombres tuvieran fe y amor a Dios! Sus vidas resplandecerían “como las estrellas” (Dan 12,3). Abramos, pues, las puertas y las ventanas de nuestras almas a la luz de Dios con un sincero arrepentimiento. Los ángeles nos ayudarán, porque son como espejos que reflejan la luz de Dios a su alrededor. Ellos son canales del amor y de la luz de Dios sobre las cosas y los hombres. Ellos quieren tu felicidad. Ellos son la alegría de Dios en el mundo y te sonríen sin cesar, cuando estás en gracia y sigues sus consejos.

Yo quiero soñar con un mundo nuevo, lleno de luz y de amor, donde reine la alegría y la paz. Un mundo lleno de ángeles, de flores y de estrellas. Un mundo sin mal y sin maligno. Un mundo feliz. ¿Utopía? Algún día será realidad en el nuevo cielo y en la nueva tierra, donde “la muerte no existirá más ni habrá duelo ni llanto ni dolor, porque todo esto es ya pasado” (Ap 21,4). Mientras tanto, debemos continuar la batalla para reconquistar el mundo para Dios.

Recuerda que tu ángel es la alegría y la sonrisa de Dios a tu lado. Que él es todo para ti, para tu cuidado exclusivo, y tiene la misión de hacerte feliz. Cuando estés triste, piensa en la alegría de Dios que te acompaña. Cuando estés sin rumbo y desorientado, piensa en la luz de Dios que te ilumina. Y en todo momento piensa que hay un ángel de Dios junto a ti, un amigo que te ama y te sonríe. Que el ángel de la sonrisa, del amor, de la alegría, de la luz y de la paz te acompañe siempre y te dé la felicidad de Dios en tu corazón. Amén.

¿Sonríes a tu ángel?

LOS ÁNGELES EN EL MÁS ALLÁ

Los santos están de acuerdo en que nuestros ángeles custodios nos acompañan también durante nuestro estado de purgatorio para consolarnos, como lo afirma San Agustín (Sermo 46). Santa Francisca Romana decía: "Cuando un hombre muere, su ángel custodio conduce su alma al purgatorio y se pone a su derecha... El ángel presenta a Dios las oraciones que se le hacen e intercede por la abreviación de sus sufrimientos". Santa María Magdalena de Pazzi, puesta en espíritu en un lugar del purgatorio, vio junto a cada una de las almas a sus ángeles guardianes que las consolaban. Lo mismo vio Santa Margarita María de Alacoque y otros santos.

Con frecuencia, nuestro ángel nos inspira orar por nuestros familiares difuntos o por las almas del purgatorio, en general, porque es una gran obra de caridad. Santa Verónica Giuliani escribe en su Diario: "Una mañana mi ángel custodio me pidió que ofreciese mis buenas obras en unión con los méritos de la pasión de Jesús y de la Santísima Virgen por un alma del purgatorio... Después la vi libre de todas sus penas y toda bella y gloriosa"

Hay casos verdaderamente milagrosos, como el que ocurrió en la peste de 1597 en Roma. Un joven, de aspecto agradable, fue al convento de los Padres camilos para que fueran a la cabecera de un apestado. Al llegar a la casa, el joven desapareció. Y esto ha sucedido en muchos lugares y ha sido referido por personas totalmente dignas de fe. Como el caso referido por un Padre jesuita, ocurrido hace pocos años. Fue llamado urgentemente por un joven, bien vestido, para visitar a un hombre que se hallaba en peligro de muerte, y le dejó la dirección. El sacerdote fue a la casa y se encontró con que el hombre, de quien le habían hablado, se encontraba perfectamente bien. Pensó que había sido una broma de mal gusto, pero aprovechó para conversar con él y le invitó a confesarse. El otro, al principio, no quería, porque hacía muchos años que no se confesaba. Poco a poco, fueron entrando en confianza y aceptó confesarse. Al día siguiente, avisaron al sacerdote que había muerto. Entonces, sí era de verdad.

Una noche de 1575 un sacerdote de la comunidad de San Juan de Ávila, en España, fue despertado por dos jóvenes que le pidieron que fuera a atender rápidamente a un moribundo. El sacerdote fue a la Iglesia para sacar dos hostias para darle al moribundo y quizás a alguno de sus familiares. Los dos jóvenes llevaron dos velas encendidas por el camino. El sacerdote atendió al enfermo y regresó a la casa parroquial con una hostia, y los dos jóvenes, de nuevo, le acompañaron con las velas encendidas. Pero, cuando quiso agradecerles, ya habían desaparecido. Al contarle este suceso al santo Juan de Ávila, éste le dijo al sacerdote: “No te maravilles, eran dos ángeles mandados por Dios para premiar tu celo apostólico”. ¿Eran los ángeles custodios del sacerdote y del enfermo?

Otro caso lo cuenta el Padre O'Keefe de Cork en Irlanda. Un día lo visitó un joven bien vestido para pedirle que fuera a asistir a una mujer que estaba muriendo. El sacerdote lo siguió y el joven desapareció. Ella le dijo al Padre que había trabajado en un convento de religiosas y que ellas le habían enseñado a invocar al ángel de la guarda, cuando tuviera alguna necesidad. Ella lo había hecho y él había traído al sacerdote para ayudarla a bien morir.

Por eso, no nos cansemos de pedir ayuda a nuestro ángel, encomendémosle nuestros últimos momentos y digámosle: "Angel de mi guarda, dulce compañía, no me dejes solo en mi última agonía".

¿Rezas frecuentemente la oración del ángel?

Nuestro Ángel nos guarda en todos los caminos. La devoción al ángel guardián acrecienta nuestras posibilidades de crecer en la vida espiritual. Quien invoca a su ángel, es como si descubriera nuevos horizontes invisibles a simple vista. El ángel es como el interruptor de la luz, que, al ponerse en marcha (al invocarlo), hace que nuestra vida quede llena de luz divina. El ángel aumenta nuestra capacidad de amor y nos salva de muchos peligros y dificultades.

Por eso, cuando hablemos con otras personas, pensemos en su ángel. Cuando estemos en la Iglesia, en un tren, avión, barco... o vayamos caminando por la calle, pensemos en los ángeles de los que nos rodean para sonreírles y saludarlos con cariño. Es hermoso sentir que todos los ángeles de quienes nos rodean, incluso si son personas malas, son nuestros amigos. Ellos también se sentirán felices de nuestra amistad y nos ayudarán más de lo que podemos imaginar. ¡Qué alegría sentir su sonrisa y amistad! Empieza desde hoy mismo a pensar en los ángeles de las personas que viven contigo y hazte amigo de ellos. Verás cuánta ayuda y alegría te dan. Una vez una viejecita le dijo a Mons Jean Calvet, decano de las Facultad de Letras de la Universidad Católica de París:

- Buenos días, señor cura y compañía.

- ¡Pero, si estoy yo solo!
- Y al ángel de la guarda ¿dónde lo deja?

Una buena lección para muchos teólogos, que viven de libros y se olvidan de estas maravillosas realidades espirituales. El famoso sacerdote francés Jean Edouard Lamy (1853-1931) decía: "No rezamos lo suficiente a nuestro ángel custodio. Hay que invocarlo para todo y no olvidarnos de su presencia permanente. Él es nuestro mejor amigo, protector y aliado al servicio de Dios". Y cuenta que, durante la guerra, él debía atender a los heridos del frente de batalla y, a veces, era transportado de un lugar a otro por los ángeles para poder cumplir bien su misión. Algo así le sucedió a Felipe apóstol, que fue transportado por el ángel de Dios (Hech 8,39), y también al profeta Habacuc, quien fue llevado hasta Babilonia al foso de los leones, donde estaba Daniel (Dan 14,36).

Por eso, tú invoca a tu ángel y pídele ayuda. Cuando estés trabajando, estudiando o paseando, puedes pedirle que visite en tu nombre a Jesús sacramentado. Puedes decirle, como muchas religiosas: "Ángel santo de mi guarda, corre veloz al sagrario y saluda de mi parte a Jesús sacramentado". Pídele también que, por las noches, rece por ti o esté en adoración, haciendo guardia en tu nombre a Jesús sacramentado, en el sagrario más cercano. O que encargue a otro ángel, de los que están permanentemente ante Jesús Eucaristía, que lo adore en tu nombre. ¿Te imaginas las gracias tan inmensas que podrías recibir si hubiera permanentemente un ángel que, en tu nombre, adorara a Jesús sacramentado? Pídele esta gracia a Jesús.

Si vas de viaje, encomiéndate a los ángeles de los pasajeros que van contigo; al de las Iglesias y ciudades por donde pases, y también al ángel del chofer para que no ocurra ningún accidente. Lo mismo podemos decir de los tripulantes del barco, tren, avión... Invoca y saluda a los ángeles de las personas que hablan contigo o se cruzan contigo por la calle. Envía tu ángel a visitar y saludar de tu parte a los familiares lejanos, incluso, a los que están en el purgatorio, para que Dios los bendiga.

Si debes sufrir una operación quirúrgica, invoca al ángel del cirujano, de las enfermeras y de las personas que te van a cuidar. Invoca en tu casa al ángel de tu familia, de tus padres, hermanos y del personal de la casa o de tu trabajo. Si están lejos y enfermos, envíales a tu ángel para que los consuele.

En caso de peligros, por ejemplo, de sismos, terroristas, delincuentes, etc., envía a tu ángel para que proteja a tus familiares y amigos. Cuando tengas que tratar un asunto importante con otra persona, invoca a su ángel para que prepare su corazón favorablemente. Si quieres que se convierta un pecador de tu familia, reza mucho, pero también invoca a su ángel. Si eres profesor, invoca a los ángeles de tus alumnos para que puedan estar tranquilos y aprender la lección. Los sacerdotes también deben invocar a los ángeles de sus feligreses, que asisten a la misa, para que puedan entender mejor y aprovechar las bendiciones de Dios. Y no te olvides del ángel de tu parroquia, de tu ciudad y de tu país. ¡Cuántas veces nos habrá salvado nuestro ángel de graves peligros del cuerpo o del alma sin que nos dieramos cuenta!

¿Lo invocas todos los días? ¿Le pides ayuda para hacer tus trabajos?

El ángel quiere ser nuestro amigo y su amistad puede ser de una ayuda inmensa sobre nosotros. No prescindamos de su ayuda y colaboración, porque un buen amigo es un tesoro. San Agustín diría que la vida sin amigos es un vacío total y, hablando de su amigo Alipio, dice: "Somos dos, pero sólo en el cuerpo, no en el alma. Tan grande es la unión de corazones, tan firme la íntima amistad que existe entre nosotros" (Carta 28,1,1). Ojalá llegáramos a esa profunda amistad de ser dos en una sola alma y amar así a Jesús con un solo corazón y una sola alma y un solo ser. Para ello, sería muy conveniente consagrar nuestra unión y amistad a Jesús por medio de un pacto de amor mutuo o una promesa de amor sin condiciones.

Hay una estampa, muy conocida, donde se ve a un ángel que cuida de dos niños, que están pasando un puente, para que no se caigan. Es una imagen muy ilustrativa y que para mí tiene un significado especial, ya que, desde muy niño, recuerdo esa imagen que estaba colocada encima de mi cama. Muchas veces, les he dicho a mis hermanas que la devoción al ángel custodio es la devoción de la familia, y siempre lo hemos querido en casa, como nos enseñó mi madre desde niños. Además, me llamo Ángel, no por casualidad.

Con frecuencia, a lo largo del día, le rezo la oración: Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día... O se la canto. Cuando predico, invoco a los ángeles de los fieles que me escuchan y, a veces, lo hago también con las personas que me rodean o con quienes hablo. Es una experiencia muy positiva. Te recomiendo que todas las noches, antes de acostarte, pidas que te dé su bendición con Jesús y que rece toda la noche por ti. Verás los efectos positivos de tener un gran amigo a tu lado que reza por ti y te da su bendición.

También es bueno que ofrezcas algunas misas a tu ángel y a cada uno de los coros de los ángeles. Cuando comulgues, dile que, junto con María, prepare tu alma para recibir dignamente a Jesús.

No lo ofendas con tu mal comportamiento, piensa que nunca estás solo. Él está contigo. Por eso, como dice San Bernardo: "Ten gran respeto a tu ángel. ¿Te atreverías a hacer en su presencia lo que no te atreverías a hacer en la mía?". Es muy interesante ponerle un nombre para poder llamarlo con más confianza. El nombre puede ser de hombre o de mujer, de virtudes o de cosas buenas: Celeste, Alegría, Esperanza, Miguel, Juan, Rosa, Flor, Benigno, Amable, Fiel, Amor, Tesoro, Lucero, Paloma, Sonrisa...

Recuerda que tu ángel está deseoso de ser tu amigo ¿Despreciarás su amistad? Si de verdad lo amas, él te enseñará a amar a Jesús y a María y crecerás muy rápido por los caminos del Señor. Entonces, podrás decirle con sinceridad: "Tú eres mi compañero, mi amigo y confidente, a quien me une una dulce intimidad" (Sal 54,14).

¿Tienes en tu casa alguna imagen del ángel custodio?

PACTO DE AMOR MUTUO

Para que nuestra relación personal con nuestro ángel custodio sea más íntima y eficaz, es muy recomendable hacer un pacto con él de amor mutuo. Es como prometernos mutuamente amor, unión y fidelidad. Y pedirle al Señor que una nuestras vidas y nuestra amistad y nuestro amor para siempre. Podemos hacerlo con estas o parecidas palabras: Dios mío, Trinidad Santa, en compañía de María, quiero agradecerte por haber colocado a mi lado un compañero celeste que me guía y me defiende y me ayuda para cumplir siempre tu santa voluntad. Yo te prometo amarlo como un hermano y amigo, con todo mi corazón, y obedecerlo en todo lo que me inspire para conducirme hacia Ti. Jesús, toma mi corazón y mi alma, mi vida y mi amor y únelo en tu Corazón al de mi ángel para formar una UNIDAD de amor para siempre. Espíritu divino, hazlo realidad con el poder de tu gracia y únenos para la eternidad. Padre mío, recibe este pacto en el Corazón de Jesús y de María y danos tu bendición. Amén.

Pero no solamente podemos hacer este pacto de amor, para que Dios bendiga nuestra unión, con el guardián de nuestras vidas, podemos hacerlo también con los santos ángeles Miguel, Gabriel, Rafael, y con todos los ángeles del Universo, especialmente con aquellos que están adorando continuamente a Jesús en el Santísimo Sacramento. De esta manera, al amar y adorar ellos a Dios, tendrán nuestro nombre escrito en su "corazón" y amarán y adorarán en nuestro nombre también.

Veamos lo que dice Santa Margarita Mª de Alacoque sobre los ángeles de los sagrarios en una carta al Padre Croiset, el 10 de agosto de 1689: "El Sagrado Corazón desea que tengamos una particular unión y devoción a los santos ángeles, que están particularmente destinados a amarle, honrarle y alabarle en el divino sacramento del amor, a fin de que hallándonos unidos y asociados con ellos, suplan por nosotros en su divina presencia, tanto para tributarle nuestros homenajes, como para amarle por nosotros y por todos los que no le aman y para reparar las irreverencias que nosotros cometemos en tu santa presencia".

En la memoria escrita a la M. Saumaise escribe: "Vi una multitud de ángeles que me dijeron que estaban destinados a honrar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento, que si yo quería asociarme a ellos me recibirían de buen grado, pero que era preciso para esto, comenzar a vivir su misma vida. Ellos me ayudarían cuanto pudieran para hacerlo así y suplirían mi incapacidad de rendir a Nuestro Señor los homenajes de amor que desea de mí. Que era preciso, en cambio, que supliese yo su incapacidad de padecer y que así uniríamos el amor paciente (sufriente) al amor gozoso. Y me hicieron leer nuestro pacto escrito en el Sagrado Corazón de Jesucristo".

¿No te gustaría a ti tener siempre ante Jesús sacramentado millones de ángeles que lo adoran en tu lugar? ¿Te imaginas lo que significa que, en todo momento del día y de la noche, los ángeles de los sagrarios lo adoren también contigo y por ti? ¿Por qué no haces un pacto de unión para que formes una UNIDAD con ellos para adorar continuamente a Jesús sacramentado? Te recomiendo que, de modo especial y particular, te asocies al coro de los serafines, que adoran a Dios ante su trono del "cielo" y de la tierra (Eucaristía). Pídeles que te reciban en su grupo para que ellos, que son los más cercanos a Dios, presenten tu vida y buenas obras ante Dios, pidiéndole que seas uno de ellos en amor y en santidad. También hay santos que tienen la santidad de los serafines (quizás San Francisco, el seráfico Padre o San Agustín, el serafín de Hipona), asóciate a ellos también.

¿No te gustaría llevar un sello en tu alma que dijera "amigo de los serafines", del "coro de los serafines"?

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